La textura de un cabello no se resume a su apariencia en el espejo. Su forma, su grosor, la cantidad de sebo producida por el cuero cabelludo e incluso la composición microbiana de este último influyen directamente en la forma en que reacciona a los cuidados, al peinado y al entorno. Identificar correctamente su tipo de cabello implica cruzar varios criterios, no solo la clasificación por forma (liso, rizado, crespo).
Microbioma del cuero cabelludo y tipo de cabello: un vínculo subestimado
La mayoría de las guías capilares se centran en la forma visible del cabello. Los trabajos recientes publicados en Skin Appendage Disorders (2026) aportan una perspectiva diferente: el microbioma del cuero cabelludo varía más según el estado del cuero cabelludo que según la forma del cabello.
El cuero cabelludo alberga una comunidad microbiana densa, dominada por bacterias de los géneros Cutibacterium y Staphylococcus, así como levaduras del género Malassezia. Un desequilibrio de esta flora (disbiosis) está asociado a estados inflamatorios, a ciertas formas de alopecia y a problemas de caspa.
Un estudio de 2026 publicado en Frontiers in Microbiology muestra que un protocolo de peeling ácido tópico del cuero cabelludo en hombres con dermatitis seborreica resulta en una disminución significativa de la abundancia de Staphylococcus y una reducción de la dominancia de Malassezia, con un aumento de la diversidad fúngica. En otras palabras, el estado del cuero cabelludo condiciona la salud del cabello tanto, si no más, que su forma natural.
Un recurso que detalla los tipos de cabello en Beauté Chic ayuda a sentar las primeras bases de esta identificación, antes de profundizar con criterios como la porosidad o la densidad.

Porosidad del cabello: el criterio que cambia la rutina capilar
La porosidad se refiere a la capacidad de la fibra capilar para absorber y retener la humedad. Depende del estado de las escamas (cutículas) que recubren el cabello. Este parámetro suele ser más determinante para la elección de los cuidados que la simple forma del cabello.
Tres niveles de porosidad y sus consecuencias
- Porosidad baja: las cutículas están muy cerradas. El agua y los cuidados penetran con dificultad. El cabello tarda mucho en secarse, las mascarillas parecen deslizarse sin efecto. El calor moderado (bonete calefactor, toalla tibia) ayuda a que los activos penetren.
- Porosidad media: las cutículas se abren y cierran normalmente. Es el nivel más fácil de mantener, ya que el cabello absorbe los cuidados de manera equilibrada y retiene bien la hidratación.
- Porosidad alta: las cutículas están muy abiertas, a menudo debido a tratamientos químicos (coloraciones, alisados) o daños térmicos. El cabello absorbe rápidamente el agua pero la pierde con la misma rapidez. Tiende a hincharse en clima húmedo y a parecer seco a pesar de los cuidados frecuentes.
Una prueba simple permite evaluar su porosidad: colocar un cabello limpio (sin residuo de producto) en la superficie de un vaso de agua a temperatura ambiente. Si flota durante mucho tiempo, la porosidad es baja. Si se hunde en unos minutos, es alta. Las opiniones en el terreno divergen sobre la fiabilidad exacta de esta prueba, pero proporciona una primera indicación útil.
Grosor y densidad: dos nociones a menudo confundidas
El grosor se refiere al diámetro de un cabello individual. La densidad corresponde al número de cabellos por centímetro cuadrado de cuero cabelludo. Se pueden tener cabellos finos pero muy densos, o cabellos gruesos pero poco numerosos. La confusión entre estos dos parámetros lleva a errores en la rutina.
Cabellos finos y densos dan la ilusión de una cabellera gruesa, pero se pesan rápidamente con cuidados demasiado ricos. Por el contrario, cabellos gruesos y poco densos a veces carecen de volumen y se benefician de cuidados que aporten cuerpo en lugar de nutrición.
Evaluar el grosor sin herramienta profesional
Tomar un cabello entre el pulgar y el índice. Si casi no se siente, el cabello es fino. Si se percibe claramente su presencia, es grueso. Un cabello medio se sitúa entre ambos. La comparación con un hilo de coser ordinario también ofrece una referencia: un cabello fino es notablemente más delgado, un cabello grueso se asemeja más a él.

Producción de sebo y cuero cabelludo: adaptar el lavado al terreno
El cuero cabelludo produce sebo para proteger la fibra capilar y mantener la hidratación. La cantidad varía según la genética, las hormonas, la alimentación y el entorno. Un cuero cabelludo graso no implica necesariamente que el cabello sea graso en toda su longitud: las puntas pueden estar secas mientras que las raíces se engrasan rápidamente.
Espaciar los champús suele ser recomendado para los cueros cabelludos grasos, con el fin de regular la producción de sebo. Este enfoque funciona para algunas personas, pero no para todas. Un cuero cabelludo que permanece graso a pesar de un espaciamiento progresivo puede indicar un desequilibrio microbiano o hormonal más que un simple exceso de lavado.
- Un cuero cabelludo seco se beneficia de champús suaves, sin sulfatos agresivos, y de cuidados hidratantes dirigidos a las raíces.
- Un cuero cabelludo mixto (graso en las raíces, seco en las puntas) requiere un champú ligero en las raíces y un cuidado nutritivo aplicado únicamente en las longitudes.
- Un cuero cabelludo sensible o propenso a la caspa puede beneficiarse de peelings ácidos suaves, como sugieren los datos recientes sobre la regulación del microbioma.
Clasificación por forma del cabello: un punto de partida, no un fin
La clasificación desarrollada por el peluquero Andre Walker sigue siendo la referencia más extendida. Distingue cuatro grandes familias de textura: cabellos lisos (tipo 1), ondulados (tipo 2), rizados (tipo 3) y crespos (tipo 4), cada una subdividida en subcategorías (a, b, c) según la intensidad de la curvatura.
Esta cuadrícula tiene la ventaja de la simplicidad. También presenta límites: una misma persona puede tener varios tipos de rizos en diferentes zonas de la cabeza. Los cabellos de la nuca no siempre reaccionan como los del vértice del cráneo. La clasificación de Walker tampoco tiene en cuenta la porosidad, la densidad o el estado del cuero cabelludo.
Utilizar esta clasificación como punto de entrada, y luego afinar con los criterios de porosidad, grosor y producción de sebo, ofrece una imagen mucho más fiel de la realidad capilar. El tipo de cabello también evoluciona con el tiempo: cambios hormonales, tratamientos químicos o envejecimiento modifican la textura y el comportamiento de la fibra. Un diagnóstico fijado en un momento dado no permanece válido indefinidamente.



